LIBERTAD DE EXPRESIÓN

Me entero de que un tal Rubén, director del INJUVE enchuf, perdón perdón, nombrado por la siempre preclara ministra Ana Mato, ha emitido una circular interna en la que prohíbe a los funcionarios del susodicho INJUVE criticar las políticas del gobierno en horas de trabajo. No está “entre sus obligaciones”, afirma. Claro que, en la empresa privada no te dan una circular para prohibirte criticar a la empresa: se da por sobrentendido que criticar a la empresa suele llevar aparejado el despido.

Me entero también de que Repsol quiere demandar por injurias y calumnias a Víctor Herrero, un minero leonés, por haberse mostrado en una entrevista a favor de la nacionalización de YPF por el gobierno argentino. Eso sí, como son muy comprensivos le dan la oportunidad de retractarse públicamente (no sé si con la obligación de autoflagelarse en público o sin ella, no he profundizado mucho en el tema).

Tampoco hace tanto que Facebook censuró una caricatura en la que se mostraba a la Merkel en plan ama sadomaso humillando a Rajoy. (No, no era una foto sino una caricatura, aunque reflejase tan fielmente una imagen real). Y aunque hace algo más de tiempo, todos recordaréis que una portada del Jueves fue secuestrada judicialmente por ser “injuriosa” con el príncipe (no, el de Bekelar no, el otro).

Y a más de uno lo han echado hace poco de la radio y/o la televisión públicas, supongo que por “hablar más de la cuenta” o por “morder la mano que le da de comer”.

Y es que la libertad de expresión tiene sus límites. Y es bueno que así sea. De lo contrario, podría aparecer cualquier pelanas en un acto público mandando a los parados “a Laponia”. O cualquier diputada con pocos escrúpulos podría dedicar un entusiasta “que se jodan” a los desempleados de España (y somos muchos). O hasta podría ser que algún “periodista”, de, por ejemplo, no sé, Telemadrid o El Mundo, saliese alabando en público el presunto atractivo sexual de las niñas japonesas de 12 años, o declarando en términos muy crudos su predilección por “los chochos de 16 años”. O que algún obispo, no sé, de Alcalá por ejemplo, insulte a quien le venga en gana en los términos que se le antoje. O incluso que algún otro obispo, a lo mejor de Tenerife, por un poner, declare que muchos de los menores a los que los curas sodomizan “lo están deseando” y “te provocan”. O podría llegar a ocurrir, y esto ya sería el colmo, que algún medio de comunicación, igual con un toro en el emblema o algo así, se dedicase a lanzar infundios sistemáticamente, a acusar de terrorismo a todo dios o a inventarse directamente las noticias.

¿Os imagináis que eso ocurriese, eh? A lo mejor ni merecía la pena vivir en un país donde eso fuera posible…