LA INYECCIÓN

Yo, de rapaz, tenía miedo de las inyecciones. Me las ponía, para las gripes y demás, una practicante alta, fuerte, rubia, algo adusta, algo hombruna, con el pelo más bien corto, traje chaqueta y cara de pocos amigos (no sé a quién me recuerda esta descripción, no sé, no caigo). Decía, así como a media boca, que no me iba a doler, pero luego me dejaba el culo lleno de mataduras y no podía sentarme bien en tres o cuatro días. A veces, además, las inyecciones “me daban reacción” como se decía entonces, y durante un par de días la fiebre me subía, me daban náuseas y me dolía todo como si me hubieran deslomado con un palo. Al final, tras unos pocos días, me curaba, eso sí. En una ocasión logré escapar de casa de la practicante sin que llegase a pincharme, y para sorpresa mía y sobre todo de mi madre no solo no me morí, sino que la gripe se me curó en unos pocos días, durante los cuales además sí pude sentarme con normalidad. Desde entonces procuro evitar en lo posible que me pongan inyecciones.

Viene todo esto a cuento de que nos van a meter una “inyección financiera” de 100.000 millones de euros (he tratado de calcular la cifra en pesetas, pero la calculadora se ha autodestruido en el intento). Con lo contentos que se han puesto los del gobierno y los de la banca, supongo que nos curaremos de la crisis en cuatro días.

Aunque durante ese lapso nos quede el culo lleno de mataduras.

Pero eso es lo de menos. Parece que con este rescate (con perdón) ya tenemos a los mercados donde queríamos. Detrás de nosotros. Y nosotros con los pantalones por los tobillos. Para que nos pongan la inyección, claro.

Pero todos tranquilos. La inyección solo es para la banca.

Lo malo es que el culo es de todos.

Anuncios

NADA NUEVO

Antes de salir en misión urgente para Polonia, el hombre de la barba tuvo tiempo para decirnos (o mandar que nos dijeran) que el rescate no es un rescate y que la intervención no es una intervención. Algo creí entender de “línea de crédito”, o de “apoyo financiero”, o algo así.

Pero esto de jugar con el lenguaje no es nada nuevo.

Recuerdo que una chica con la que salí hace años me dijo”te quiero pero necesito un tiempo para pensar”, por no decirme que no me aguantaba ya y que me fuera a paseo. Y recuerdo a mi madre comentando que a la vecina le habían encontrado “una cosa mala”, por no decir que le habían diagnosticado un cáncer. Y a mi abuela hablando de que el hijo de la Aurelia  “anda con una gente un poco así”, por no decir que se dedicaba a atracar farmacias en compañía de otros yonkis, para pagarse la heroína.

Las cosas, dichas de otra manera, parecen otra cosa.

Pero son lo que son.

De hecho, a aquella chica no volví a verla el pelo. Mi vecina, la pobre, no pasó de aquel verano. Y el hijo de la Aurelia acabó muriendo de SIDA en la cárcel.

Habrá que ver cómo acabamos nosotros con esto del rescate. Perdón, con la “línea de crédito”.

Yo personalmente considero que “ha faltado tal vez un poco más de transparencia al respecto”.

Por no decir que nos están tomando por jilipollas.