EL FASCISMO YA ESTÁ AQUÍ

Se han emitido circulares prohibiendo a los funcionarios criticar al gobierno. Los empleados de la empresa privada no necesitan circulares: el miedo al despido impide las críticas a los jefes. Se gobierna a base de decretos sin que la opinión del pueblo importe un comino. Entra en vigor una norma que elimina el derecho de las personas a la atención médica en virtud de su nacionalidad; de su raza, como quien dice. Las “fuerzas del orden” entran repartiendo palos en casas particulares para reprimir las protestas, por ejemplo, de los mineros. Se multa por resistencia a la autoridad a manifestantes pacíficos agredidos por antidisturbios. Se restaura el marquesado de Queipo de Llano. Se multa a bomberos por comer un bocadillo en la calle. Se perdonan los impuestos a la iglesia. Se archivan investigaciones sobre robo de bebés cometidos por miembros de esa misma iglesia. Se adecúa la regulación del aborto a las exigencias de esa misma iglesia. Se blindan los privilegios de la familia real, de los aristócratas, de las “familias bien de toda la vida”. Se habla de “endurecer las penas por altercados públicos” y de “tipificar un delito de resistencia pasiva”. Periodistas considerados como “rojillos” (incluida una que se “arrepintió” a última hora y peloteó a destajo a los conservadores, aunque parece que no lo suficiente) son despedidos sin motivo aparente de la radiotelevisión pública. Incluso un miembro del partido que gobierna acaba siendo expulsado de su partido por criticar la postura de sus líderes en el conflicto con los mineros. Y acabo de saber que una federación de asociaciones de consumidores ha sido amenazada con la ilegalización por denunciar los recortes ordenados por la banca europea y practicados por el gobierno español.

Así, como suena.

Hasta tenemos a un líder gallego un tanto amanerado y ladino, que recibe órdenes de un personaje alemán de sexualidad dudosa y cabeza cadriculada.

Damas y caballeros, pasen, vean y cáguense en todo lo cagable. El fascismo ha vuelto a España. O a lo mejor es que no se había ido nunca.

TEJIDOS MÁGICOS

Cuando era rapaz, me gustaban los cuentos fantásticos, ya se sabe, con sus magos y sus guerreros y sus dragones y sus castillos encantados y todo eso. En algunos de esos cuentos se hablaba de túnicas hechas de tejidos mágicos que transformaban a quien las llevaba puestas: hacían valiente al cobarde, o fuerte al débil, o sabio al tonto, o convertían al mago bondadoso en un brujo malvado, dependiendo del cuento.

Me he acordado de eso a raíz de hablar con algunos policías que conozco, estando ellos fuera de servicio y vestidos, lógicamente, de paisano. Parece ser que están descontentos con el gobierno porque temen que les recorte el sueldo, les aumente la jornada, o las dos cosas. Acusan a los políticos corruptos y a los banqueros sin escrúpulos de haber provocado la crisis. Algunos de ellos incluso afirman comprender que la gente proteste y convoque manifestaciones. Hasta alguno hay que dice compartir muchas de las ideas de los “contestatarios”.

El caso es que estos mismos policías, cuando están de uniforme, se aplican con diligencia a proteger la impunidad de políticos corruptos y banqueros sin escrúpulos y aporrean con entusiasmo a los “contestatarios” a los que comprenden.

Parece contradictorio, lo sé. Hasta hipócrita, por su parte.

Pero lo he estado pensando, y creo que ya sé a qué se debe esta paradoja.

Va a ser que los uniformes son mágicos, como las túnicas de los cuentos que leía yo de rapaz.

O igual la que es mágica es la ropa de paisano.

Vaya usté a saber.