NOS PISOTEAN

Privilegiaron esa economía especulativa que apenas crea puestos de trabajo. Se llevaron las fábricas a China, a Corea, o a donde fuese, echándonos en cara que los de aquí queríamos cobrar mucho y tener contrato y Seguridad Social. Nos echaron a la puta calle, cualquier día, por cualquier idiotez, o por nada (ante la pasividad o directamente con la complicidad de los sindicatos, para qué ocultarlo), pagándonos una mierda que no nos duró ni dos meses. Desde entonces, nos tienen peregrinando como ánimas en pena, echando currículums en todas partes, soportando entrevistas humillantes donde tipejas repelentes o jambos casposos nos atosigan con preguntas humillantes o nos hacen esperar horas de pie a la puerta de su despacho, mirándonos de reojo con una sonrisa ladina, largándonos cualquier excusa (“eres algo mayor”, “eres algo joven”, “estás demasiado cualificado”, “no tienes estudios”, “tienes poca experiencia”, “con tu experiencia, tendríamos que pagarte un plus, y con la crisis…”) para mandarnos de nuevo a la calle con un poco más de amargura en el pecho. Nos ponen cada vez más requisitos para cobrar prestaciones que apenas permiten la subsistencia (y no siempre). Nos recortan las pocas ayudas a las que podemos aspirar, y nos dicen que es “para estimular la búsqueda de empleo”, lo que equivale a tacharnos de haraganes y de mantenidos, a la vez que reducen a la mínima expresión los programas de recolocación y los cursos para parados, y con ellos las pocas posibilidades que tenemos de encontrar un empleo. Condenan a muerte sectores en los que aspirábamos a trabajar, echando de paso más gente a los perros, haciendo que ya seamos casi 6 millones de personas pegándonos por cuatro puestos de trabajo. Cada mes, cada semana, casi cada día, nos hacen una putada nueva. La última, no renovar el ya escaso y limitado Plan Prepara, lo que condenará a la miseria sin paliativos a más de medio millón de parados. Y encima nos vacilan. Nos dicen que no queremos trabajar, pero si aceptamos alguna chapuza en negro (que es lo único que nos ofrecen, cuando nos lo ofrecen) nos llaman pícaros, insolidarios y defraudadores. Nos cuentan, con la mayor tranquilidad, que lo fácil es que la mayoría de nosotros no encontremos trabajo hasta dentro de 3 ó 4 años como pronto (no sé cómo esperan que sobrevivamos hasta entonces). Nos recomiendan que nos formemos para “mejorar nuestra empleabilidad”, al tiempo que ponen más y más difícil estudiar a los que no tienen posibles (económicos, se entiende). Algún gracioso nos quiere mandar a trabajar a Laponia. Alguna hija de catorce padres (imputados por estafa todos ellos) tiene la desfachatez de decirnos que nos jodamos mientras sus colegas nos hunden un poco más en la mierda. En ocasiones, los mismos que nos están jodiendo más que nadie nos usan como excusa para menospreciar las protestas de los que aún trabajan (esa Cospedal, esa Báñez, y su “peor están los parados”, anda que no lo sabréis vosotras lo mal que estamos, hijas de perra). Y hasta en nuestro propio entorno tenemos que oír a veces que tenemos mucho morro o que le chupamos la sangre a los que sí trabajan. Nos humillan, día a día.

Nos pisotean. Y ya que nos pisotean, seamos una piedra en su zapato. No les demos tregua. Salgamos a las calles a exigir nuestro derecho a trabajar, a echarles en cara sus mentiras y sus trapacerías. No les demos tregua.

Hoy, y mañana, y al otro, no les demos un respiro. Si nos quieren seguir pisoteando, hagámosles tropezar. Y caer.

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QUE SIGA EL PASODOBLE

Que siga el pasodoble. Y la fiesta flamenca. Y grita con ellos “vivan las caenas” decían hace ya algunos años los Def Con Dos. Y sigue. Vaya si sigue. Ahí tenemos a la bancada PPoPPular aplaudiendo medidas que condenan a la población a la puta ruina. Y a la hija del padrino añadiendo un “que se jodan” cuando su jefe anunció que recortaba las prestaciones por desempleo. Así, sin complejos. Pero no nos enfademos, ella dice que la entendimos mal, que no estaba mandando a tomar por tal a los desempleados sino a los socialistas. ¡Coño, ya nos quedamos más tranquilos! ¿Y qué me dicen ustedes del cabecilla de la CEOE (y no, no significa Carcamales Explotadores Odiosos Encorbatados, aunque lo pueda parecer)? Ha descubierto que la crisis la provocó la entrada de “no nativos” en nuestro país. Con un par, sí señor. Lo único malo, que se le olvida añadir que a esos “no nativos” los estuvieron explotando él y otros como él haciéndoles currar más horas que un sereno por peseta y media. Y utilizándolos, en su momento, para llamarnos vagos a los “sí nativos” y ponernos como ejemplo de flexibilidad y ganas de trabajar el hecho de que muchos “no nativos” (qué remedio) aceptasen cualquier porquería que los empresarios les ofreciesen. Así, sin complejos, como el que baila Paquito el Chocolatero en una boda tratando de restregarse disimuladamente con las nalgas de alguna prima de la novia. ¡Eh-eh-eh! Que siga el pasodoble. O aquella ex ejecutiva de cierta caja de ahorros que ahora dice que fue obligada a aceptar un sueldazo obsceno y una prejubilación escandalosa. ¡Eh-eh-eh! O la ministra aquella que hablaba de la “prestación parlamentaria”. O a la que se le ocurre como medida para ayudar a acabar con la crisis pedirle a la virgen del Rocío. La misma que opina que las prejubilaciones de los mineros son “muy razonables” (y el término razonable en boca de esta señora es un insulto). La misma que presentó la reforma laboral hablando de la cuantía de “las indemnizaciones por despido procedente” (y sí, tú y yo podríamos no saber que un despido procedente no tiene indemnización, pero la ministra de Trabajo…). ¡Sin complejos! O el embajador que se pone a hacer el notas con la camiseta de la selección y a brincar como si tuviese el hormiguillo. ¡Ole! O la que necesita llenar tres veces el Cuernabéu para sacar un concejal. ¡Pero qué chispa! No solo nos joden, sino que hacen chistes a costa del polvo. Y no pasa ná. Y más, como el ministro aquel de la calva marciana que recomienda que haya clases de 50 alumnos “para que socialicen”. ¡Cráneo previlegiado! (Y pulimentado).

Y eso por no hablar de ese personaje entrañable que se equivocó y asegura que no volverá a ocurrir (no sabemos si lo del elefante, lo de la cadera, lo de irse de farra con gente condenada por estafa o lo de vivir de papo a costa de todos).

Somos diferentes. En España, digo.

Que siga el pasodoble. Y sigue. Y es, en efecto, Paquito el Chocolatero lo que suena. Y adivina quién lo baila.

Y quién está delante, con los dientes apretados y el culo en pompa.

¡Eh-eh-eh!