YA NO PUEDEN MÁS

Llevan más de dos meses sin que entre un duro en casa. Y enfrentándose día a día a los pelotazos de los antidisturbios, a los que además no consideran su auténtico enemigo. Y aguantando que el ministro les vacile. Algunos hasta atravesaron medio país a pie para hacerse oír. Algunos se encerraron en pozos a cientos de metros de profundidad, y se han tirado allí semanas y semanas. Y ya no pueden más. En sus casas, en todas, se pasan apuros. En algunas, se empieza a pasar hambre. Algunas empresas hablan de cierre si no se vuelve al tajo. Y la cerrazón del ministro Soria hace cundir el desánimo. Así que no puedo reprochar a los mineros que hayan puesto fin a la huelga, a pesar de que no se ha conseguido casi nada, y el sector sigue en el aire. Nada puedo reprocharles porque han aguantado como héroes mientras han podido. Algunos, de hecho, aún lo hacen: en el pozo Santa Cruz siguen encerrados, aguantando el tipo, hasta que Victorino Alonso les garantice que les pagará (a ellos y a sus compañeros) los salarios que les debe (no se fían de su jefe, y no es extraño, pues es un artista del recojo subvenciones y no pago las nóminas). Insisten, además, desde los sindicatos mineros, en que esto no ha terminado, en que las movilizaciones van a continuar, en que no se han rendido. Y yo les creo. Y agradezco la lección que los mineros han dado a toda la clase obrera durante este breve pero intenso periodo.

Pero no puedo evitar una cierta sensación de derrota.

NOSOTROS PROTESTAMOS, PERO, ¿DE QUÉ SE RÍE ESE “GELIPOYAS”?

En primer lugar, hoy quiero compartir con todos los que entren por aquí mi satisfacción por el seguimiento masivo de las protestas de ayer en toda España. Éramos muchos, como no podía ser de otra manera, los que estábamos en la calle dejando claro que los recortes del gobierno son más de lo que se puede y debe soportar. En León éramos unos 40.000, cerca de un tercio de la población de la ciudad, entre mineros, parados, estudiantes, funcionarios, jubilados y gente de todo tipo. Además, y por una vez, la policía nos dejó bastante en paz. Supongo que el recortazo en sus emolumentos habrá reducido su motivación para defender a los manguanes de la banca y el gobierno (im)popular. Y en Ponferrada se juntaron más de 20.000 (manifestantes, no policías). Este es el camino. Os dejo una foto, que he sacado de Leonoticias, para que veais lo guapos que estamos los cazurrines cuando luchamos por lo nuestro.

En segundo lugar, quiero recordar de nuevo la lucha de los mineros, que siguen en la brecha, y que no tuvieron tanta suerte como nosotros con la actuación de las Fuerzas del (Des)Orden. Anteanoche Bembibre fue tomada al asalto por los GRS y se produjo una auténtica batalla campal. Os dejo una foto (de Leonoticias también) donde podéis ver lo que entraban disparando esas criaturas de dios (y del ministerio de defensa) que tan bien nos cuidan.

"Nos estan disparando esto. Han entrado en Bembibre". (@roooooow)

De paso, os dejo el enlace a un vídeo en el que podréis ver la “educación y delicadeza” de los GRS, la “violencia” con que les reciben los vecinos de Ciñera, y las suntuosas “mansiones” que los mineros poseen en dicho pueblo.

(El vídeo creo que salió en La Sexta, por cierto).

Y como no quiero limitarme a chorarle material a otros medios, por eso de que se vea que los desempleados hispánicos no somos tan vagos, os quiero hablar, o mejor dicho, preguntar, acerca del ministro Montoro. Habréis reparado en esa risa de roedor anfetamínico que le asalta en los momentos más inoportunos (al prometer que no subiría los impuestos, al anunciar que sí que los va a subir, al explicar que la culpa de todo la tienen los socialistas, al anunciar que Europa nos va a reñir si no nos recortamos hasta la yugular, etc.). ¿A qué puede deberse? Tras darle muchas vueltas, os quiero pedir que me echéis una mano para revelar tamaño misterio. Se me ocurren varias opciones, y os pido que los que leáis esto dejéis un comentario indicando cuál os parece la adecuada (con que pongáis la letra, basta, no os vais a cansar eh!). Vamos allá:

A. Se ríe porque le ha visto el rabanillo a Mariano en los urinarios del Congreso (y “la cosa” no es para menos…).

B. Se ríe porque es un psicópata sanguinario al que le divierte nuestro sufrimiento.

C. Se ríe de las propias memeces que salen de su boca.

D. Se ríe porque tiene el móvil en modo vibración metido donde ya sabéis y los de la COPE no hacen más que mandarle wasaps de esos.

E. Se ríe porque sus padres eran primos hermanos, y no lo puede evitar.

Si hay más de dos votos, el domingo comento los resultados. Si no, me autocastigaré por mi fracaso haciéndome el hara-kiri con una espada de madera. O, si me siento con (mucho) valor, escuchando el rosario en Radio María.

Os pondría una foto del susodicho para ilustrar la encuesta, pero no quiero causaros pesadillas. Bastante pesadilla hay ya con la realidad de este país.

NOS PISOTEAN

Privilegiaron esa economía especulativa que apenas crea puestos de trabajo. Se llevaron las fábricas a China, a Corea, o a donde fuese, echándonos en cara que los de aquí queríamos cobrar mucho y tener contrato y Seguridad Social. Nos echaron a la puta calle, cualquier día, por cualquier idiotez, o por nada (ante la pasividad o directamente con la complicidad de los sindicatos, para qué ocultarlo), pagándonos una mierda que no nos duró ni dos meses. Desde entonces, nos tienen peregrinando como ánimas en pena, echando currículums en todas partes, soportando entrevistas humillantes donde tipejas repelentes o jambos casposos nos atosigan con preguntas humillantes o nos hacen esperar horas de pie a la puerta de su despacho, mirándonos de reojo con una sonrisa ladina, largándonos cualquier excusa (“eres algo mayor”, “eres algo joven”, “estás demasiado cualificado”, “no tienes estudios”, “tienes poca experiencia”, “con tu experiencia, tendríamos que pagarte un plus, y con la crisis…”) para mandarnos de nuevo a la calle con un poco más de amargura en el pecho. Nos ponen cada vez más requisitos para cobrar prestaciones que apenas permiten la subsistencia (y no siempre). Nos recortan las pocas ayudas a las que podemos aspirar, y nos dicen que es “para estimular la búsqueda de empleo”, lo que equivale a tacharnos de haraganes y de mantenidos, a la vez que reducen a la mínima expresión los programas de recolocación y los cursos para parados, y con ellos las pocas posibilidades que tenemos de encontrar un empleo. Condenan a muerte sectores en los que aspirábamos a trabajar, echando de paso más gente a los perros, haciendo que ya seamos casi 6 millones de personas pegándonos por cuatro puestos de trabajo. Cada mes, cada semana, casi cada día, nos hacen una putada nueva. La última, no renovar el ya escaso y limitado Plan Prepara, lo que condenará a la miseria sin paliativos a más de medio millón de parados. Y encima nos vacilan. Nos dicen que no queremos trabajar, pero si aceptamos alguna chapuza en negro (que es lo único que nos ofrecen, cuando nos lo ofrecen) nos llaman pícaros, insolidarios y defraudadores. Nos cuentan, con la mayor tranquilidad, que lo fácil es que la mayoría de nosotros no encontremos trabajo hasta dentro de 3 ó 4 años como pronto (no sé cómo esperan que sobrevivamos hasta entonces). Nos recomiendan que nos formemos para “mejorar nuestra empleabilidad”, al tiempo que ponen más y más difícil estudiar a los que no tienen posibles (económicos, se entiende). Algún gracioso nos quiere mandar a trabajar a Laponia. Alguna hija de catorce padres (imputados por estafa todos ellos) tiene la desfachatez de decirnos que nos jodamos mientras sus colegas nos hunden un poco más en la mierda. En ocasiones, los mismos que nos están jodiendo más que nadie nos usan como excusa para menospreciar las protestas de los que aún trabajan (esa Cospedal, esa Báñez, y su “peor están los parados”, anda que no lo sabréis vosotras lo mal que estamos, hijas de perra). Y hasta en nuestro propio entorno tenemos que oír a veces que tenemos mucho morro o que le chupamos la sangre a los que sí trabajan. Nos humillan, día a día.

Nos pisotean. Y ya que nos pisotean, seamos una piedra en su zapato. No les demos tregua. Salgamos a las calles a exigir nuestro derecho a trabajar, a echarles en cara sus mentiras y sus trapacerías. No les demos tregua.

Hoy, y mañana, y al otro, no les demos un respiro. Si nos quieren seguir pisoteando, hagámosles tropezar. Y caer.

QUEDA UNA ESPERANZA

Dentro del acoso sufrido en España últimamente por toda persona ajena a la oligarquía financiera y sus criados fascistoides, dentro de la ola de recortes y putadas surtidas que el Hombre Culebra (ojo a su forma de sacar la punta de la lengua, técnica de víbora 100%) nos está echando sobre los hombros, aún queda una esperanza. Eso pensé, eso sentí, al ver ayer el recibimiento que trabajadores de todos los sectores, estudiantes, asociaciones de vecinos y otros colectivos ciudadanos dispensaron a los mineros. Los del norte, la verdad, no esperábamos que nuestros paisanos iban a tener un recibimiento tan caluroso por parte del pueblo madrileño, ni creímos que tantas personas les acompañasen en sus protestas. Respecto de la decisión de los mineros de mantenerse en la lucha hasta el final, era algo que ya conocíamos. Quieren que el ministro se siente a negociar con ellos (¿es mucho pedir?), pero si no se sienta están dispuestos a tumbarlo. Y todos los que estamos siendo atropellados, todos, parados, subempleados, pensionistas, dependientes y familiares de los mismos, estudiantes, enfermos, profesores, sanitarios, etc., debemos actuar con esa misma decisión. Y por lo que pude ver ayer, parece que lo vamos entendiendo. Por eso digo que aún queda una esperanza.

Claro que hay otra esperanza, una que niega la importancia de las manifestaciones, que se ríe con esa cara de guacamayo arrugado que tiene mientras manda (ella y su amiga la nancy nazi zifuentes) a los uniformados a reprimir a pelotazos y porrazos al pueblo que exige lo que es suyo. Claro que si piensa que eso hará recular a los mineros, que lo piense dos veces. Que pierda la esperanza.

ANTISISTEMA

Como he oído tanto lo de que las protestas contra los ajustes y demás están llenas de antisistema, me he puesto a buscarlos.

He pensado en los mineros que están protestando últimamente, pero resulta que lo que piden es que les dejen trabajar. ¿Qué hay de antisistema en eso?

He pensado en los del 15M, pero básicamente piden que se acaben la corrupción y la impunidad de los corruptos. Bueno, algunos radicales proponen que no se desahucie a las personas que dejan sin pagar la hipoteca un par de meses. Y otros, más radicales aún, propugnan la creación de cooperativas de agricultura ecológica. Tampoco me han parecido muy antisistema, la verdad.

Luego he pensado en mí, que también me manifiesto a veces y que soy algo rojeras y tal. Pero resulta que creo en el Estado (tanto, que creo que los servicios públicos y los sectores estratégicos deberían estar en manos de la administración), y en la democracia electiva (tanto, que me gustaría que los ciudadanos pudiésemos decidir con nuestro voto si queremos que nos “rescaten”, o elegir con nuestros votos al jefe del Estado). Así que yo tampoco soy antisistema.

Y entonces he caído en la cuenta. He visto la luz.

Hay gente que no cree en el Estado (y quiere quitarle poco a poco sus funciones), ni en las normas de convivencia (sino en la ley del más fuerte, perdón, en la libre competencia), ni en las leyes (sino en la “desregulación”), ni en la democracia electiva (deduzco, al ver que creen conveniente que los ciudadanos no puedan decidir sobre ajustes que afectan a su vida diaria).

Los antisistema existen, efectivamente, pero no están en la calle ni en las barricadas. No llevan casco de minero, ni rastas, ni sudaderas de los Public Enemy.

Los auténticos antisistema están dentro del sistema. En los consejos de administración de la banca, en las agencias de calificación, en el Parlamento. Y algunos, ahora mismo, en Polonia, viendo el fútbol.

Pero eso ya es otra historia.

TEJIDOS MÁGICOS

Cuando era rapaz, me gustaban los cuentos fantásticos, ya se sabe, con sus magos y sus guerreros y sus dragones y sus castillos encantados y todo eso. En algunos de esos cuentos se hablaba de túnicas hechas de tejidos mágicos que transformaban a quien las llevaba puestas: hacían valiente al cobarde, o fuerte al débil, o sabio al tonto, o convertían al mago bondadoso en un brujo malvado, dependiendo del cuento.

Me he acordado de eso a raíz de hablar con algunos policías que conozco, estando ellos fuera de servicio y vestidos, lógicamente, de paisano. Parece ser que están descontentos con el gobierno porque temen que les recorte el sueldo, les aumente la jornada, o las dos cosas. Acusan a los políticos corruptos y a los banqueros sin escrúpulos de haber provocado la crisis. Algunos de ellos incluso afirman comprender que la gente proteste y convoque manifestaciones. Hasta alguno hay que dice compartir muchas de las ideas de los “contestatarios”.

El caso es que estos mismos policías, cuando están de uniforme, se aplican con diligencia a proteger la impunidad de políticos corruptos y banqueros sin escrúpulos y aporrean con entusiasmo a los “contestatarios” a los que comprenden.

Parece contradictorio, lo sé. Hasta hipócrita, por su parte.

Pero lo he estado pensando, y creo que ya sé a qué se debe esta paradoja.

Va a ser que los uniformes son mágicos, como las túnicas de los cuentos que leía yo de rapaz.

O igual la que es mágica es la ropa de paisano.

Vaya usté a saber.