INTERVENIDOS

Dicen el Risitas, la Culebra Barbuda y Sor Aya, y toda su cueva de Alí Babá, que el expolio al que someten a las personas más desfavorecidas es inevitable e imprescindible. Dicen que si no nos dejan al borde de la hambruna, las cosas serán aún peores. Dicen que si no nos apresuramos a hacer “por las buenas” todo cuanto nos mande Alemania, perdón, los bancos a través de Alemania, vendrá Europa (que según les convenga nos la presentan como una abuela generosa que da la propina o como un coco verde y peludo que nos amenaza) y nos hará esas reformas “por las malas”. Si no os dejamos sin nada, nos dicen, España será intervenida. Será intervenida, dicen, mientras reconocen que los recortes son ordenados por entidades exteriores (Europa, los mercados, la Merkel…); mientras un enviado de Europa del que el pueblo no conoce la cara, ni el nombre, ni la procedencia, ni la cualificación, se ha instalado ya (a gastos pagos, me figuro) en nuestro país para decidir si la política económica del gobierno es la adecuada; mientras el Parlamento alemán debate sobre el rescate español, un debate que el Parlamento español no puede hacer, porque al parecer no le compete.

Y esto, sin estar intervenidos. Teniendo un “gobierno soberano”, porque según parece la intervención no se ha producido (aún).

Y no sé por qué, me han venido a la mente aquellos gobiernos europeos de hace unos cuantos años que recibían con honores al ejército nazi, que se apresuraban a construir guetos y a entregar a las SS a los judíos, a los comunistas y a los homosexuales, a cambio de mantener su “independencia”. De “no ser intervenidos”.

¿Por qué me habré acordado de eso yo ahora?

(NOTA: ¿sabes de qué cojones se ríe el imbécil de Montoro? Mira la entrada de ayer y podrás opinar al respecto.).

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CARROÑA

No solo cobrarán las medicinas, subirán el IVA, impedirán el acceso de los pobres a la educación y favorecerán los EREs. No se contentan con condenarnos al desempleo eterno o a las chapuzas en negro. No les basta con eso, sino que ahora los hijos de la gaviota, siguiendo órdenes de la Loba del Deutsche Bank y sus cachorros, van a recortar (más) las prestaciones por desempleo. Como si las míseras ayudas a los parados que han cotizado lo suficiente (porque, en efecto, en España las prestaciones por desempleo son básicamente contributivas) fuesen la ruina del país. Como si la gente que no encuentra un empleo fuese una horda de pícaros que se dedican a darse la gran vida con 500 ó 600 euros riéndose de los contribuyentes.

Y lo he visto claro como el agua. En términos socioeconómicos, estamos muertos, sin trabajo decente, sin esperanzas de obtenerlo, con unos servicios públicos menguantes, ahora con pagas aún más insignificantes, condenados por tanto a vivir de la caridad familiar, del sablazo a los amigos, de los alimentos comprados por todos que los adláteres de los curas reparten con aire condescendiente. Somos , cada vez más, como una columna de muertos vivientes reptando por calles, plazas y descampados. Y sobre nuestras cabezas vuelan en círculos buitres y gaviotas dispuestas a comernos la poca chicha que nos queda sobre el hueso. Somos carroña, nada más que carroña que apañar hasta dejarla completamente seca, para dejarla luego pudrirse y reducirse a polvo que el viento dispersará.

Y yo pienso, y digo desde aquí, que no lo toleremos, que intentemos espantar a pedradas a esas aves carroñeras, que peguemos fuego a sus nidos, que no toleremos estas agresiones ni un día más. Que nos unamos a los que ya están luchando con un buen par de cojones (y sí, hablo de los mineros, ¿de quién si no?) y no nos dejemos devorar sin resistencia.

Es nuestra única posibilidad de volver a la vida, o al menos de no servir de carroña a los buitres. Y a las gaviotas.

LA INYECCIÓN

Yo, de rapaz, tenía miedo de las inyecciones. Me las ponía, para las gripes y demás, una practicante alta, fuerte, rubia, algo adusta, algo hombruna, con el pelo más bien corto, traje chaqueta y cara de pocos amigos (no sé a quién me recuerda esta descripción, no sé, no caigo). Decía, así como a media boca, que no me iba a doler, pero luego me dejaba el culo lleno de mataduras y no podía sentarme bien en tres o cuatro días. A veces, además, las inyecciones “me daban reacción” como se decía entonces, y durante un par de días la fiebre me subía, me daban náuseas y me dolía todo como si me hubieran deslomado con un palo. Al final, tras unos pocos días, me curaba, eso sí. En una ocasión logré escapar de casa de la practicante sin que llegase a pincharme, y para sorpresa mía y sobre todo de mi madre no solo no me morí, sino que la gripe se me curó en unos pocos días, durante los cuales además sí pude sentarme con normalidad. Desde entonces procuro evitar en lo posible que me pongan inyecciones.

Viene todo esto a cuento de que nos van a meter una “inyección financiera” de 100.000 millones de euros (he tratado de calcular la cifra en pesetas, pero la calculadora se ha autodestruido en el intento). Con lo contentos que se han puesto los del gobierno y los de la banca, supongo que nos curaremos de la crisis en cuatro días.

Aunque durante ese lapso nos quede el culo lleno de mataduras.

Pero eso es lo de menos. Parece que con este rescate (con perdón) ya tenemos a los mercados donde queríamos. Detrás de nosotros. Y nosotros con los pantalones por los tobillos. Para que nos pongan la inyección, claro.

Pero todos tranquilos. La inyección solo es para la banca.

Lo malo es que el culo es de todos.