EL FASCISMO YA ESTÁ AQUÍ

Se han emitido circulares prohibiendo a los funcionarios criticar al gobierno. Los empleados de la empresa privada no necesitan circulares: el miedo al despido impide las críticas a los jefes. Se gobierna a base de decretos sin que la opinión del pueblo importe un comino. Entra en vigor una norma que elimina el derecho de las personas a la atención médica en virtud de su nacionalidad; de su raza, como quien dice. Las “fuerzas del orden” entran repartiendo palos en casas particulares para reprimir las protestas, por ejemplo, de los mineros. Se multa por resistencia a la autoridad a manifestantes pacíficos agredidos por antidisturbios. Se restaura el marquesado de Queipo de Llano. Se multa a bomberos por comer un bocadillo en la calle. Se perdonan los impuestos a la iglesia. Se archivan investigaciones sobre robo de bebés cometidos por miembros de esa misma iglesia. Se adecúa la regulación del aborto a las exigencias de esa misma iglesia. Se blindan los privilegios de la familia real, de los aristócratas, de las “familias bien de toda la vida”. Se habla de “endurecer las penas por altercados públicos” y de “tipificar un delito de resistencia pasiva”. Periodistas considerados como “rojillos” (incluida una que se “arrepintió” a última hora y peloteó a destajo a los conservadores, aunque parece que no lo suficiente) son despedidos sin motivo aparente de la radiotelevisión pública. Incluso un miembro del partido que gobierna acaba siendo expulsado de su partido por criticar la postura de sus líderes en el conflicto con los mineros. Y acabo de saber que una federación de asociaciones de consumidores ha sido amenazada con la ilegalización por denunciar los recortes ordenados por la banca europea y practicados por el gobierno español.

Así, como suena.

Hasta tenemos a un líder gallego un tanto amanerado y ladino, que recibe órdenes de un personaje alemán de sexualidad dudosa y cabeza cadriculada.

Damas y caballeros, pasen, vean y cáguense en todo lo cagable. El fascismo ha vuelto a España. O a lo mejor es que no se había ido nunca.

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MALFORMACIONES

Muchas cosas están ocurriendo, muchas de ellas bastante graves. Hay una que tal vez no sea tan grave como otras, pero que me ha llamado la atención. Parece ser, pues así lo ha anunciado el correspondiente ministro, que las malformaciones del feto ya no podrán justificar la práctica legal de un aborto. Y parece ser que eso será así porque abortar en caso de malformaciones del feto es “éticamente insostenible”. No comentaré la repentina, pasajera y sospechosa preocupación de este gobierno por la ética.

No.

Es más, puedo comprender hasta cierto punto el rechazo hacia el aborto, y las precauciones ante lo que podría (al menos, en teoría) suponer una “selección artificial” de la especie.

Pero no puedo evitar pensar en personas a las que conozco, que han arrastrado durante los años de su a veces breve vida una existencia de dolor, de marginación, de tormentos médicos, de imposibilidad total para la autonomía personal. Una existencia que no merece la pena ser vivida. Y no he podido evitar pensar qué podría ser de personas así, cuando no cuenten con apoyo familiar, en un país cuyas autoridades consideran un despilfarro ayudar a las familias con miembros en situación de dependencia. Un país cuya administración se dedica últimamente a desmantelar la sanidad pública y reducir a lo anecdótico los servicios sociales.

Supongo que el plan de Gallardón es que esos fetos con malformaciones que se convertirán, en muchos casos, en personas cuyo paso por la tierra será en realidad un infierno, queden en manos de sus familias, si es que estas tienen los recursos físicos, emocionales y económicos para atenderlos adecuadamente. Y que queden en manos de Dios (o de asociaciones con historiales oscuros como las de cierto sacerdote de angelical nombre) en caso contrario. Porque supongo que, al final, debe ser voluntad de ese Dios suyo que haya gente que nazca condenada al sufrimiento constante y a la dependencia perpetua.

Y me pregunto si eso es “éticamente sostenible”.