COSINAS DE MI TIERRA

Me van a perdonar los visitantes que hoy dedique la entrada a hablar un poco de mi tierra y de sus cosas, de sus montañas de impresionante belleza, de sus campos floridos, de las irrepetibles obras de arte que atesoran sus ciudades (la Catedral de León, San Isidoro, San Miguel de Escalada, el Castillo de los Templarios de Ponferrada, el Palacio Episcopal de Astorga, etc.), de su contundente y exquisita gastronomía (la morcilla, el botillo, la cecina de vaca y la de chivo, el cocido maragato, etc.), de las maravillas de los Picos de Europa, las Hoces de Vegacercera o las Cuevas de Valporquero, de sus costumbres y leyendas peculiares como los desfiles de carros y pendones (no de los que piensas, malandrín), la procesión de Genarín, o los antruejos (en castellano, carnavales) que se celebran en distintas localidades, de cómo el que la visita, vuelve. Y también de su encaje a la fuerza en una autonomía disparatada, de su colosal tasa de paro, de la impresentabilidad de sus políticos. De cómo a mis paisanos de la montaña les dijeron, hace años, que se olvidaran del ganado, que el futuro era sacar carbón, y ahora les dicen que se olviden del carbón porque el futuro no existe, y de cómo los representantes a los que esos paisanos (ellos sabrán por qué) votaron en las elecciones no tienen lo que hay que tener para tomar partido por ellos frente a su partido (valga la repugnancia). De cómo a otros paisanos míos de la montaña les echaron de sus casas a la fuerza para hundir un valle a fin de que en Palencia y en Valladolid tengan agua para las plantaciones de alfalfa y los polígonos industriales. De cómo empresas varias llegaron, trincaron subvenciones y se fueron dejando en la estacada a sus empleados y convirtiendo el tejido industrial en un esqueleto mondo y lirondo. De cómo en mi tierra es casi imposible encontrar trabajo, a no ser que seas pariente de algún alcalde o amigo personal de la presidenta de la Diputación. De cómo nuestros políticos son leonesistas estando en León, pero se hacen castellanistas cuando les “ascienden” a las Cortes pucelanas. De cómo a mis paisanos les dijeron hace unos 30 años aquello de “como queremos una superautonomía donde siempre gane el centroderecha, vais a ir juntos con Castilla” (lo de poner fronteras entre los mineros del norte y el sur de Pajares no lo dijeron, pero lo pensaron), y no les dieron la opción de responder ni de opinar. De cómo la presidenta de la Diputación se paga a sí misma dietas de los transportes que hace en coche de la Diputación, presume de sus 13 sueldos ante los parados locales (que somos muchos) y se gasta dinero de todos en depilarse el chichi (sí, así como suena). De cómo el alcalde de León (pongo por caso) decide que no hay dinero para talleres de empleo ni para mantener guarderías públicas, a la vez que da concesiones municipales a la guardería de la familia de su concejala de empleo. De cómo otros antes que él se dedicaron a enchufar a sus primos y coleguis donde fuera y a costa de todo el mundo. De cómo la iglesia no solo no paga el IBI, sino en la mayoría de los pueblos (pueblos que en muchos casos están sin un clavel) ni el agua ni la luz ni las basuras. De cómo ir a Urgencias aquí te puede llevar unas 8 ó 9 horas de espera porque la Junta de Castiga a León considera que dos hospitales para una población de algo más de medio millón de personas es más que suficiente. De cómo esa misma Junta no considera necesario intervenir cuando el ayuntamiento de Mieres se nos mete en territorio leonés (castellanoleonés para los de la Junta) para promocionar el ganado asturiano. Del negocio que tienen montados algunos (y de esos, algunos con sotana) a costa de los conciertos educativos y sanitarios que son más lucrativos cuanto más insuficientes lo sean (y lo son, porque interesa que así sea) los servicios públicos. De cómo llevamos desde que yo recuerde esperando reindustrializaciones que no llegan y teniendo una tasa de paro de las más altas de España. De cómo nuestros empresarios locales deciden traer a que dé una charla contándonos cómo salir de la crisis…a Mario Conde. De cómo los jóvenes que pueden se marchan, y los que se quedan se mueren de asco en un desempleo perpetuo o se agostan en trabajos basura en la hostelería o las plataformas de teleoperadores. De las 13000 familias, así a ojo, que no ingresan ya ni un euro y se ven en la tesitura de optar entre la caridad, la delincuencia o el hambre.

De las cosas de mi tierra, vaya, a la que con sus cosas buenas y malas quiero con el alma. Como tú a la tuya, donde, lo sé, también hay problemas. Probablemente, parecidos a los de la mía. Casi iguales. Y con culpables casi iguales también.

O igual hasta son los mismos.

Anuncios

CONTRASTES

España es un país de contrastes, sin duda alguna. Lo ha sido siempre, ya se sabe, el sur y el norte, playas y montañas, diferentes climas, idiomas, culturas. Y en otro tipo de contrastes ha sido muy rica también, desde que el mundo es mundo. Lo sigue siendo. Ahí van unos cuantos ejemplos:

Si tú te vas de tu trabajo, no te pagan ninguna indemnización. Y si te vas por haber metido la zarpa en la caja de los duros, puedes tener que pagar la indemnización tú. Pero si cierto presidente de cierto órgano judicial se tiene que ir por haber escamoteado unas decenas de miles de euros para irse de vacaciones, se le paga una indemnización. Y de 208000 euros, nada menos. Así cualquiera.

Por otra parte, tengo un colega que cobra una pensión de discapacidad, y cuando encuentra algún curro le suspenden la pensión, porque no es compatible con lo que pueda cobrar currando. Supongo que sería un despilfarro pagarle los 300 y pocos euros al mes junto con los 500 ó 600 que pueda ganar currando. No es plan de hacer rico a nadie. En cambio, ex-presidentes y ex-diputados y el tipo del ejemplo anterior sí que pueden compatibilizar sus pensiones con otras pensiones y con indemnizaciones y con salarios y con lo que sea. Y eso que creo que sus pensiones son un poco superiores a las de mi amigo.

Otro, a ti si la lías en el curro excusas como “yo no sabía nada” o “yo es que no decidía nada” no te sirven. A los que limpiaron (por dentro) las cajas de ahorro sí que se las aceptan. Y a la infanta Cristina, también.

Hablando de curro, cuando yo curraba (qué tiempos dorados) solía cobrar entre 700 y 800 euros mensuales (con las pagas extras prorrateadas, no os creáis). Creo que un poco más le pagan a Rajoy de dietas (a mayores del sueldo y de otras mamandurrias) por eso de que tiene la casa familiar un poco lejos de Madrid y se ve que tiene que buscarse un alojamiento porque no nos quiere desgastar la Moncloa, él que es tan austero. Otro contraste.

El rey, a todo esto, se ha rebajado el sueldo un 7%. A los parados les han recortado la prestación un 10% y les ha dejado de pagar la Seguridad Social el 65% de la cotización (vamos, otros 20 a 30 euros menos al mes). A los empleados públicos les han rebajado un 23% entre unas cosas y otras. A los empleados del sector privado, de media, les han caído los sueldos cerca de un 25%. Y a los que han ido al paro o han tenido que cerrar un pequeño negocio, un 100%.

Más contrastes. Si a ti tu padre te deja al morir un huerto con tres hileras de patatas y un chamizo para guardar las herramientas no te libra de pagar el IBI ni Perry Mason. Ahora, cualquier terrateniente se las puede arreglar para que la UE le pague una subvención por no plantar nada, a poco que ande listo. Y si quien hereda (o se queda como le cuadre) las tierras (o una casa, o un edificio, o veinte edificios, o un palacio, o dos, o…) es la Secta de los Hombres de Negro (y alzacuellos blanco o amarillento según la higiene personal de cada individuo de la especie), no tienen ni que andar listos para no pagar ni medio céntimo. Y para llevarse un buen pellizco al año, para sus cosas.

A los bomberos de Castellón les quieren sancionar por comer unos bocatas de chorizo en la calle vestidos de uniforme, y me pregunto si será por papearse, entre pan y pan, a unos cuantos parientes de la politicada local.

A las mujeres de los mineros las expulsan del Parlamento, y eso que no insultan a nadie. A otra mujer (por llamarle algo) no la han expulsado de sitio alguno aunque en el propio Parlamento nos mandó a jodernos a los parados.

Otro contraste. Los del fútbol al parecer batieron un récord de nosequé triple corona, y les han dado una pasta gansa libre de impuestos. Los parados hemos batido hoy el récord histórico, nos acercamos a los 6 millones, incluso con posibilidades de aupar a España al récord mundial, en cantidad y calidad (anda que no hay parados con dos carreras, o con 25 años de experiencia laboral, o con cuatro idiomas…), de parados y nos dan…un poco mierda pinchada en un palo. Y puesta a secar.

Otro contraste, y cada vez mayor, es la diferencia abismal entre lo que ocurre en la calle y los que nos cuenta el NO-DO, perdón, el Telediario. Pero esto está por resolverse. De hecho, RégimenTVE ha tomado medidas: J.Ramón Lucas, a la puta calle. Toni Garrido, a la puta calle. Los de Amar en tiempos revueltos, a la puta calle. (Ana Pastor, la de los desayunos, no, porque la salvó el tener una epifanía liberalcristiana justo a tiempo). Supongo que será para garantizar el pluralismo.

O para dar un paso más hacia el “ansiado” récord mundial de parados…

MÁS CARA QUE ESPALDA

Perdieron dinero (ajeno, claro) a manos llenas por avaricia, por torpeza o por una mezcla de ambas. Engañaron a todo el que se dejó. Mintieron para poder asignarse sueldazos obscenos e indemnizaciones desproporcionadas (para el caso de que tuvieran que salir por patas después de hundir el barco). Por sus chanchullos nos han colado, a escote, la obligación de pagar una deuda de cientos de miles de millones de euros. Incluso ahora, se atreven a seguir a dejando gente en la puta calle por impagos que, comparados con lo que ellos han hecho “desaparecer”, no llegan ni a insignificantes.

Y ahora, además, comparecen, como haciendo un favor, y dicen que la culpa no es suya.

El uno afirma que “no hay que buscar chivos expiatorios”. Y coño, claro que no hay que buscar chivos, ¡si tenemos a los cabrones ante las narices!

El otro dice que está satisfecho porque “siempre hizo las cosas bien”. ¡Se ve que el dinero se perdió solo y que las quiebras de las cajas son catástrofes naturales cíclicas que nada tienen que ver con la actuación humana, como el cambio climático! (según el primo de Rajoy, al menos).

El de más allá afirma que “nunca decidió nada, porque no podía”. (Y si no podía decidir, ¿qué cojones pintaba ahí? ¿Y quién decidía? ¿Fu Manchú?). Y se niega a hablar de la estafa de las preferentes, o de las prejubilaciones millonarias (la suya incluida), porque “no es momento de mirar al pasado”. ¡Lo dirá porque ya tienen pensado montarnos más estafas en el futuro!

En todo caso, todos vienen a decir que la culpa de todo no es suya, sino del otro, de Maroto, o del de la moto. Todos lo han hecho todo bien, nadie sabe nada, y todos estos se llevan su tajada como si tal cosa mientras nos pasan a los que sí que no podíamos decidir una puta mierda la factura de las copas, las lumis, la farlopa y los platos rotos.

Tener más cara que espalda, se le llama a eso. Parece ser una malformación común en ciertos sectores especialmente “honorables” de la sociedad.

Y es contagioso.

También lo ha pillado uno que dimitió por irse de vacaciones con tu guita y con la mía y que no solo no va a devolver un duro, sino que de regalo va a llevarse una jubilación de magistrado y una pensión de alto cargo. Y compatibles entre sí.

Y otro que se ha negado a escuchar la oferta del sector minero para llegar a un acuerdo que no obligue a rehacer los presupuestos ni a darle muerte (todavía) al sector. Y ha tenido los huevos, para defenderse, de decir que cómo va a aceptar acuerdo alguno si también le ha cascado un recorte tremendo al turismo. ¡Lo dirá por presumir! Con un par de ellos, sí señor, como quien dijera “no se queje señora, que a usté le mango el bolso pero a su vecina le he chorao una tele”.

Vamos, que tienen cara para regalar. Más que espalda.

Y dan unas ganas de partírsela…

UN PAÍS DE CUENTO

Ahora que tenemos las cuentas intervenidas por la Unión Europea, al ministro del Guindo pasando la gorra (y haciendo el ridículo) por Europa y a las autonosuyas pidiendo el botijo a un Estado cuyos ministros presume de no tener ni para las nóminas; ahora que por tanto ya no es descabellado pensar que el día menos pensado nos echan del euro de una patada en el culo, por lo que no es descabellado pensar que podríamos acabar volviendo (a la fuerza) a la vieja peseta, me he puesto a recordar los años del euro, esa época entre el 2001 y la actualidad, y más en particular esa época de las “vacas gordas” (2001 a 2007 ó 2008 más o menos) en la que, al parecer, todos cobrábamos generosos salarios, gastábamos a manos llenas en lujos estrafalarios, chupábamos sin piedad de la teta administrativa, nos hipotecábamos a lo loco y vivíamos, en resumen, como los ricos de antes. Incluso los extranjeros que acudían en manadas a nuestro país lo hacían, más que por huir de la miseria, por disfrutar de los innúmeros beneficios en forma de atenciones gratuitas y pagas a fondo perdido que el Estado español, dicen algunos “expertos” (aunque no se sabe muy bien en qué), les procuraba. La época, en resumen, en la que España era un país de cuento, en la que todos “vivimos por encima de nuestras posibilidades” y cavábamos así, ignorantes y felices en nuestra opulenta irresponsabilidad, la tumba socioeconómica en la que nos pudrimos actualmente.

Pero el caso es que mis recuerdos de aquella época están poblados por ancianas e inmigrantes que buscaban alimento en los contenedores de basura, de indigentes que dormían en cajeros, de padres (y madres, también) de familia que se machacaban los lomos 12 ó 15 horas al día para pagar las disparatadas cuotas de una hipoteca interminable, de empleados con contrato basura que cobraban una miseria y vivían con la amenaza perpetua del “fin de la obra o servicio”, de personas que morían esperando su turno para una operación de cáncer o un trasplante de corazón, de estudiantes que curraban poniendo copas sin contrato en cualquier cuchitril para pagarse la universidad. Recuerdo a una viuda de mi barrio a la que su casa se le caía a pedazos sobre la cabeza porque la pensión apenas le daba para comer (y ni hablemos de reformar la casa). Recuerdo a una inmigrante ecuatoriana que limpiaba (sin contrato) en una confitería leonesa con nombre de especia, que se cayó trabajando y se rompió un brazo y varias costillas, a la que su jefe tuvo media hora esperando que acudiéramos unos amigos a sacarla por la puerta de atrás porque “no quería líos” y se negaba a llamar a una ambulancia (el jefe, eh, no la chica). Recuerdo amigos que solo comían patatas y arroz para poder pagar la hipoteca o el alquiler. Recuerdo amigos que trabajaban gratis y sin Seguridad Social, legalmente, porque eran becarios o estudiantes en prácticas. Recuerdo parados de larga duración muriéndose de asco a las puertas del INEM. Recuerdo comarcas enteras que se iban quedando vacías, como muertas, a medida que las minas o los astilleros iban reduciendo su actividad, o cerrando directamente.

Claro que ahora mismo estamos aún peor, porque entonces al menos había posibilidad de encontrar un trabajo, aunque fuese precario, mal pagado y en condiciones a menudo insalubres, pero yo sigo sin saber cuál es ese país de cuento en el que dicen que vivíamos por aquel entonces.

El mío, desde luego, no.

Claro está que había también pícaros, chupópteros, irresponsables, empresarios sin escrúpulos a la caza de subvenciones, banqueros y bancarios que vivían del timo, politicastros tragadores con cientos de asesores y jugosas dietas de no-transporte, enchufados del partido (me da igual cuál) que entraban por “designación directa” en cargos sin tarea y con buen salario. De hecho, sigue habiéndolos. Y en cantidad.

Se ve que para lo suyo no hay crisis. Ni paro.

O que son ellos los que han vivido (y lo siguen haciendo) por encima de nuestras posibilidades.

BANCARIOS, NO BANQUEROS

No recuerdo bien dónde leí el otro día una carta en la que un empleado de banca se quejaba amargamente  de estar siendo acusado por la sociedad de desmanes de los que eran sus jefes, los de Madrid o Nueva York, los únicos culpables. No era la primera vez que me encontraba un alegato semejante. No son raros los empleados de banca que dicen ser víctimas de una demonización por parte de la gente, que arguyen que son tan víctimas de la crisis como todos los demás, que afirman que todo lo que hicieron lo hicieron cumpliendo órdenes y sin saber que podían causar algún daño. Algunos hasta insisten en que ayudaron a los demás, en que sin su mediación este o aquel cliente no habría podido comprarse una casa o poner en marcha un negocio.

“Somos víctimas, como vosotros”, vienen a decir. “La culpa es de nuestros jefes, no nuestra”, vienen a decir. “Somos bancarios, no banqueros. No es lo mismo”, viene a ser su mensaje.

Y esto me hace pensar. Si mal no recuerdo, fue un bancario (no un banquero) quien trató insistentemente de convencerme de que domiciliase una nómina en la Caja Tal y Cual, a pesar de que yo solo había ido a cobrar el cheque de un finiquito por despido. Fue un bancario (no un banquero) quien falsificó la firma de esa anciana que hace poco ganó un juicio a la entidad, para que adquiriese (supongo que por su propio bien, aunque sin saberlo) unas participaciones preferentes en no sé qué. Fue un bancario (no un banquero) el que le colocó al anciano y analfabeto padre de un amigo mío un préstamo en condiciones de usura haciéndole creer que le abría una cuenta corriente. Fue un bancario (no un banquero) quien robó a unos agricultores de avanzada edad, en un pueblo del sur de mi provincia, los ahorros de toda una vida, aprovechando la confianza que ellos tenían en él. Fueron los bancarios, en persona, quienes amarraron con préstamos eternos a gente desesperada; quienes colocaron hipotecas por auténticas fortunas a gente que (los bancarios lo sabían) no podría pagarlas y acabaría por verse en la puta calle; quienes se sirvieron de la mentira y el abuso de confianza para endosarle a cualquiera productos financieros de alto riesgo o acciones que no valían ni el papel en que estaban impresas. Lo hicieron, claro, por orden de sus superiores. Lo hicieron, claro, llevados por una cultura de la impunidad y el tú-vende-como-sea que se han extendido como un cáncer en los últimos años por toda la sociedad.

Pero lo hicieron, sí, y cobraron jugosas comisiones por ello. Y no se privaron de presumir de lo mucho que ganaban al hacerlo, o de lo listos que eran por conseguir colocar aquellos productos invendibles, o de cómo los jefes de los que ahora abominan (aunque no mucho, y en voz baja) les felicitaban en la reunión mensual o semestral.

Mejor dicho, siguen haciendo de las suyas, atosigando con comisiones absurdas a la gente sin nómina y con poco dinero, tratando de liar a los pardillos con planes de pensiones que no son sino versiones sofisticadas del timo del tocomocho. Y negándose a conceder créditos ni aplazamientos ni ostias. Y siguen cobrando buenos sueldos y jugosas comisiones por sus servicios.

Lo que pasa es que ahora no presumen tanto.

Pero me debo que ese pudor, más que a un súbito retoñar de una embrionaria conciencia, se deba al miedo a que alguna de las víctimas de sus manejos, les parta, con todo el derecho moral del mundo, todo lo que se llama cara.

RESULTADOS

Aunque con un poco de retraso, aquí traigo los resultados de mi pequeña encuesta acerca de la risa de Montoro, el que no vale ni para llevar la vaca al toro, como dijo Fulgencio.

Votaron 5 personas, de las cuales 3 creen que la risa de Montoro se debe a que alguna psicopatía le lleva a disfrutar de la ruina de sus compatriotas, aunque de esas 3 personas una matiza que esa patología se debe a que sus padres eras primos, y otra añade que la risa pude deberse en realidad a que los grandes empresarios y banqueros a los que favorece con sus políticas van a darle un sobre bastante jugoso por los servicios prestados. 1 persona opina que la risa tiene como origen un móvil en modo vibración introducido en el ano y un torrente de wasaps para el ministro de parte de la COPE. 1 persona (o algo así) afirmó que Montoro se ríe de mí (y sí, es cierto, de mí también, pero también de los demás).

Esos son los resultados.

Sea como fuere, lo cierto es que parece que Montoro ya no se ríe. No sabemos si es que el sobre de los “tiburones” estaba lleno de recortes de periódico (hasta para corromperse las cosas no son lo que eran), si es que su psiquiatra ha encontrado algún principio activo que consigue disimular sus arrebatos sádicos, o que se ha sacado el móvil del orificio rectal. O que le han llamado la atención porque eso de descojonarse mientras anuncias que el país va a la ruina de cabeza da mala imagen, y le han amenazado con que venga a explicárselo la Merkel en pelotas y con una fusta.

Y hablando de resultados, parece que los nuestros (como país, me refiero) no pueden ser peores. Va a continuar la recesión, la prima de riesgo se nos sube por las paredes, no nos compra deuda de esa ni el gato y salen los PPerros dejando caer que a lo mejor nos echan del euro los mismos alemanes a los que hasta hace nada los propios gaviotos nos pintaban como el colmo de la eficiencia y el ejemplo a seguir.

Vamos, que el país está literalmente jodido. Será porque los tiburones financieros no se cansan de darle por el culo. Así que si notas un dolorcillo ahí atrás, no te extrañes.

Ya sabes que en este bendito país nuestro, las ganancias (cuando las hay) son privadas, pero las putadas son para todos.

O casi todos.

MALFORMACIONES

Muchas cosas están ocurriendo, muchas de ellas bastante graves. Hay una que tal vez no sea tan grave como otras, pero que me ha llamado la atención. Parece ser, pues así lo ha anunciado el correspondiente ministro, que las malformaciones del feto ya no podrán justificar la práctica legal de un aborto. Y parece ser que eso será así porque abortar en caso de malformaciones del feto es “éticamente insostenible”. No comentaré la repentina, pasajera y sospechosa preocupación de este gobierno por la ética.

No.

Es más, puedo comprender hasta cierto punto el rechazo hacia el aborto, y las precauciones ante lo que podría (al menos, en teoría) suponer una “selección artificial” de la especie.

Pero no puedo evitar pensar en personas a las que conozco, que han arrastrado durante los años de su a veces breve vida una existencia de dolor, de marginación, de tormentos médicos, de imposibilidad total para la autonomía personal. Una existencia que no merece la pena ser vivida. Y no he podido evitar pensar qué podría ser de personas así, cuando no cuenten con apoyo familiar, en un país cuyas autoridades consideran un despilfarro ayudar a las familias con miembros en situación de dependencia. Un país cuya administración se dedica últimamente a desmantelar la sanidad pública y reducir a lo anecdótico los servicios sociales.

Supongo que el plan de Gallardón es que esos fetos con malformaciones que se convertirán, en muchos casos, en personas cuyo paso por la tierra será en realidad un infierno, queden en manos de sus familias, si es que estas tienen los recursos físicos, emocionales y económicos para atenderlos adecuadamente. Y que queden en manos de Dios (o de asociaciones con historiales oscuros como las de cierto sacerdote de angelical nombre) en caso contrario. Porque supongo que, al final, debe ser voluntad de ese Dios suyo que haya gente que nazca condenada al sufrimiento constante y a la dependencia perpetua.

Y me pregunto si eso es “éticamente sostenible”.